Salen chispas,
del carbón ardiente que hay en mi mano,
el aire se inunda con el aroma
de la carne y los huesos quemados,
y yo no siento nada,
veo las llamas, percibo el olor
pero es como si la pena que llevo por dentro
me hubiera hecho inmune al dolor físico,
como si no le bastase
haberse adueñado de mi vida
que ni siquiera me deja sentir otras cosas.
Esa pena,
que además conspira junto a la vida
para mantenerme en este hoyo,
para tentarme con granos de felicidad
que arrebatan
cuando estoy a punto de tenerlos.
Como saber si aun soy humano?
No siento nada más que esta aflicción,
por más que intento no logro lo que quiero,
y como no lo logro,
esa decepción
se convierte en la comida que nutre mi pena,
ella se regocija no solo con su alimento
sino con verme sufrir
y sucumbir nuevamente a sus pies.
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