Las espinas brotan de mi cuerpo
Bañadas en mi sangre y mis recuerdos.
Mi cuerpo descansa en la agonía
Para que el veneno entregue su caricia.
La maleza me recubre con sus ramas
Y con las imágenes que creía olvidadas.
Mis ropas rasgadas toman vida,
Se levantan en contra de la neblina.
Mis brazos respiran el aire en pedazos,
Pedazos que hicieron mis propias manos.
Las uñas se revelan ante mis dedos,
Se esconden en la tierra del momento.
El cóndor se postra cerca de mí,
Honra mi ser antes de hacerlo su botín.
Esta nueva dicha recorre mi piel,
Busca el suelo y un ser en el cual renacer.
Mi cuerpo se ha hecho boronas,
Con un adiós de esta vida burlona.
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