Me aproximo a la desidia,
al punto al que siempre regreso
después de que la efímera
sensación de casi dicha
se agota ante el desvanecimiento
de la inocencia que la causó.
La infelicidad está en mis células,
y la búsqueda constante
de alguna de alegría,
ha logrado hacerse
el circulo vicioso de mi vida,
cada vez que creo acercarme
a alguna forma de felicidad,
termino en contradicción con la vida
y entendiendo
que soy aun más miserable
que antes de iniciar esa búsqueda.
Miro atrás,
y aunque encuentro cierto confort
en escasísimos recuerdos,
encuentro una pena más,
aquello que pudo haberme hecho sentir mejor,
ya no está, es solo parte de un recuerdo
que en la medida que me conforta,
también me lastima.
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