Me hice amigo de la soledad
porque era la única que quedaba cerca a mí.
Se habían ido todos
justo como lo pedí
sin lagrimas ni caridad.
Quedó solamente ella
para escuchar mis quejas de esta triste vida.
Fijamente me miró
estando casi abatida
y asombrosamente bella.
Me regala sus caricias
como solo ante los desahuciados lo hace.
Me entrega su piel,
me pide que la abrace
y me ofrece sus delicias.
Me he hecho su esclavo
aunque todo lo que tengo es mi libertad.
Necesito otros pechos
donde mamar felicidad
y encontrar lo que recabo.
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