Tú ves más allá
de los cuernos y tridente
con que me viste la gente,
la bondad que está presente,
y que el odio es creciente.
Ves lo pálido
tras el rojo ardiente,
ese disfraz decadente
que cubre lo que se siente.
Tu alcanzas a ver
que solo soy un hombre insolente,
tal vez frágil tras su cara indolente,
un hombre juzgado por ser disidente,
y condenado por no ser creyente.
Lo puedes ver todo,
incluso lo que está en mi mente,
esa gran calma aunque me impaciente,
que hay algo en mi latente,
y esa verdad es persistente.
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