Tu rostro bello,
esquivo ante mí muchas veces,
coqueto algunas otras,
se queda corto y no muestra
la magnitud de tu belleza
ni la majestuosa mujer que eres.
Tus ojos además,
que se prestan
para dejarme ver tu alma,
me hacen adicto a tu mirada,
y es que en tu mirada
puedo olvidar por ese instante
mi propia desgracia.
Eres grande,
aunque en ocasiones
pareces no comprender
la dimensión de tu grandeza,
tal vez te ves a ti misma
a través de ojos ajenos,
mírate con detalle en el espejo
y veras que hasta estas humildes palabras
quedan cortas ante ti,
que eres grande, extraordinaria.
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