viernes, 8 de enero de 2010

Rata


¡Rata!,

clavaste tus dientes en mi carne,

te alimentaste de mí,

bailaste sobre mi sangre

y cubriste tu cuerpo de esta.


Me viste caído,

pero también viste

que aun había vida en mi cuerpo,

y por eso viniste a mí,

para tomar la poca vida

que se resistía a abandonar mi ser.


Tu hambre insaciable

sucumbió ante la tentación de

acabar conmigo,

de arrebatarme

la ultima bocanada de aire.


¡Felicitaciones!,

no estoy muerto,

pero me dejaste sin un solo rastro

de vida,

gracias a ti,

el vacio en mí es más grande que nunca.

No hay comentarios: