¡Rata!,
clavaste tus dientes en mi carne,
te alimentaste de mí,
bailaste sobre mi sangre
y cubriste tu cuerpo de esta.
Me viste caído,
pero también viste
que aun había vida en mi cuerpo,
y por eso viniste a mí,
para tomar la poca vida
que se resistía a abandonar mi ser.
Tu hambre insaciable
sucumbió ante la tentación de
acabar conmigo,
de arrebatarme
la ultima bocanada de aire.
¡Felicitaciones!,
no estoy muerto,
pero me dejaste sin un solo rastro
de vida,
gracias a ti,
el vacio en mí es más grande que nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario