Pongo el dedo en mi llaga
Y quito con calma la costra
Veo una llama coprófaga
Alimentarse a toda costa.
Meto el dedo en la herida
Tocando la parte gangrénica.
La materia queda esparcida
En mi blanca piel asténica.
La sangre grita de repente
Y se subleva ante mi mano
La euforia se hace presente
Vuelve carmín lo cotidiano.
Llega la calma a todo luego
Y la costra nace nuevamente
Empieza otra vez este juego
El dolor, mi cuerpo, mi mente.
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