Yo, que sigo estancado en este instante,
busco una salida, un medio para escapar, para olvidar,
todo lo he vivido aquí, sin embargo me aprisiona la nada.
El tiempo, sonríe porque sabe que no lo pueden detener,
él, a veces ingrato, indolente, cruel,
es la fragancia de la vida,
la esencia sin la que nada puede ser.
Solo en la persistencia de la memoria,
él se hace blando, un reloj amorfo,
el nuestro se puede deformar entre recuerdos y sueños,
pero él, inclemente, muestra a nuestros cuerpos,
su verdad, su propia razón.
Ni somos sus esclavos, ni él es nuestro siervo,
es libre de nosotros pero nosotros,
somos sus prisioneros, insectos insignificantes,
seres efímeros y fugaces en la eternidad de su ser.
viernes, 7 de agosto de 2009
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