Llegó a mí sin advertencia,
sin una brisa, sin un sonido, sin una caricia,
sin una mirada que dijera que sería mía,
sin la ilusión de ser buscada,
con la certeza, que sería encontrada.
En apariencia lejana,
inexistente, utópica, perfecta
y por esto detestable,
como un sueño que consume tu vida,
en tu camino a realizarlo.
Vestida de silencio,
me abrazaba, me hablaba al oído,
me daba toda palabra que me hiciera falta.
Cálida,
incluso ante mis más frías palabras,
formidable su presencia,
y ahora, también su ausencia.
Se fue sin advertencia,
sin un adiós, sin un susurro, sin un beso,
sin una mirada que iniciara una lagrima,
sin un rastro de donde ser buscada,
sin estas palabras, que también son suyas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario