Con mi voz hecha cenizas,
En el fuego del silencio.
Mi mirada hecha trizas,
En la masacre que presencio.
Ando a espaldas de la nada,
Por la ausencia del camino.
Mis pasos por brisa tostada,
Como eterno en repentino.
Con mis sueños incompletos
En lo profundo del despertar.
Mi corazón de pústulas repleto
Palpita en tu propio malestar.
Y en este festín de miseria,
Me hago un etéreo regocijo.
Como la calma en la histeria,
El padre puede destruir al hijo.
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