Los lamentos de una noche sin voz
Amarrados a un aire efervescente
Buscan refugio en tu corazón atroz
El motor de tu sangre malevolente.
Cadáveres creados por tu mirada
Apilados entre sí para tus placeres
Testigos de la verdad por ti negada
Aves que te cantan los amaneceres.
Accidentes fútiles en tu frívolo plan
Y recuerdos que exaltan tu orgullo
Muertes que digieres con champán
Mientras te deshaces del murmullo.
Sepulcros que nutren tu egolatría
En el vientre de tu auto-desprecio
La razón para tu fuerza y tu agonía
Porque todo en ti es un adefesio.
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