Se respira el perfume de las heces,
Lo común entre las veces,
El catorce en acecho de los treces,
Y la hipocresía en que te meces.
Muerta una y otra vez,
Renaces en su estupidez,
Los haces ver lo que ves,
Y los pones a besar tus pies.
Si por ellos te engrandeces,
Promulga feliz tus idioteces,
Que entre la ignorancia y tus pequeñeces,
Harás la tumba que mereces.
La verdad es el color de tu palidez,
Por ella te pueden ver con nitidez,
Temes que llegue la lucidez,
Y todos vean que eres la hez.
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