No puedo sonreír,
cada vez que lo intento
veo la miseria florecer
en cada uno de los poros de la sociedad;
la veo escondida
tras cada palabra dulce
impulsada por hipocresía,
tras cada palabra amable
que disfraza una segunda intención.
No quiero sonreír,
cada vez que lo hice
llegó la vida, sigilosa
tras mi espalda y clavó un puñal;
rio de mi,
mostrándome su cara más honesta,
la crudeza de su esencia,
todo lo que es.
No suelo sonreír,
cada vez que lo hago
termino perdiendo ante la razón
un motivo más para hacerlo;
y ella que me seduce más y más,
cada segundo junto a mi
me muestra sádicamente
que tengo más de ella
y cada vez menos motivos
para ser feliz.
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