De la tierra mojada
y con el aroma de la lluvia aun en el aire,
surge repentinamente
una bestia casi humana,
vestida en lodo y sangre,
cuyos sádicos ojos se prenden de mi mirada.
Casi inmóvil
ante esta extraña presencia,
intento hablar,
pero antes de emitir algún sonido,
escucho su voz,
un asombroso rugido,
que jamás había escuchado
y que sentí conocer como si fuera mi propia voz.
Me dice,
no hay porque temer,
que sus garras son mis manos,
de inmediato comprendí todo
y le pregunté el porqué de su aparición,
luego de un momento de silencio,
la bestia da la vuelta y emprende camino,
andando ruge suavemente,
“Pregúntatelo a ti mismo”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario