De orejas de punta
y de gris pelaje,
camina sigiloso
guardando su aullido
acariciando el suelo
con sus garras.
El va tras de ella,
escuchando
su mágica canción,
bañándose en el
polvo de sus alas
viéndola bailar.
De repente,
la luna se hace
testigo,
y cómplice de ella,
pues ambas saben
que el la persigue.
El, feroz
pero ingenuo,
se cree cazador
pero esta vez
es el quien será
la presa.
De golpe,
La luna se esconde
Como si no quisiera
ver mas,
y en aquel encuentro
los dos se hacen uno.
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