Los rostros oscurecidos por las sombras,
De aquello que por miedo no se nombra.
Heridas vivas en las solitarias almas,
De risas perdidas en un lucha sin calma.
Búsquedas eternas por tan solo una razón,
En una razón contaminada por la pasión.
Un camino de cadáveres, restos y huesos,
Sin atajos, sin alivio, sin cambio, sin regreso.
Pies adoloridos en busca de su destino,
Dejando atrás aquella farsa de lo divino.
Trampas humanas cerrando el paso,
Para que con la verdad no inicie su ocaso.
Monarcas y jerarcas entre el oro temerosos
De aquellos por ellos arrojados a los fosos.
No es el cuervo comiendo de su dueño los ojos,
Es el hombre aprendiendo a usar sus ojos.
Cuando se ve al final ese destello de verdad,
Se sabe que cada gota de dolor es libertad.
Aunque el cuerpo sucumba antes de llegar,
Este hará camino para que otro lo pueda lograr.
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