lunes, 4 de agosto de 2008

Brisa

Mujer solitaria de espíritu bondadoso,
que has dado alegría a este inútil ermitaño,
con tus besos, con tu piel, con tu calidez,
el aire fresco en este mundo nauseabundo.
Tu, que miras a mi olvido a los ojos,
le haces ver que jamás podrá abrazarte,
pues la sombra de la inspiración cubre tu silueta,
como el océano a la infinita tristeza de la tierra.
Susurras a mí oído como la conciencia,
que a mi cuerpo abandono en busca de escrúpulos,
de un nuevo sentido para esta vida, mi vida,
que entre letras y canciones se entrega al olvido.

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