Revolotea sus alas,
aquella mariposa que sigue siendo oruga,
que salió del capullo como la más bella,
y que incluso en el aire,
volando libre,
se ve a sí misma solo como esa oruga que un día fue.
Ella,
baila entre la mirada de las estrellas
y el polvo de hadas con el que cubre su silueta,
tienta al destino y a lo desconocido,
baila para ella,
baila para todos.
Alas agitadas,
con las que, si quisiera,
podría crear en mi un huracán,
podría acabarlo todo,
podría hacer de la noche una canción,
y de mis palabras una poesía.
Volátil como siempre,
ahora en su propio vuelo,
vuela hacia sus sueños, hacia sus recuerdos,
a su niñez,
vuela hacia mí,
y en un beso me hace volar con ella.
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