Redime masacre,
el silencio le los cuerpos hechos polvo,
testigos de una cruel sonrisa,
amigos de una dicha en la tierra.
Miradas merece
la presencia de la nada,
su figura cálida,
su cordura en calma.
Desmerecí amar,
cuando le dije adiós,
volví atrás por un momento,
volví y de nuevo ella me sonrió.
Remeda carmesí,
el color de sus labios,
aquellos que fuesen míos,
aquellos que aun me esperan.
Midas merecerá
perder su toque,
si comprende el peso de la verdad,
si entiende la belleza de la soledad.
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