jueves, 4 de febrero de 2010

Olor

Rastrojos de belleza,
que llegan a mi nariz por el aire,
como el polen que ahora es eterno,
como el perfume de cada mujer en mi vida,
que se ha hecho tiempo y a su vez olvido.

Beldades invisibles
que recuperan su forma en mi cabeza,
en los recuerdos impresos en mis neuronas,
figuras olvidadas que en un impulso eléctrico
renacen en mí,
y que por un momento
se hacen mis cómplices una vez más,
y una vez más conspiran contra mí,
contra mi cordura,
contra cualquier vestigio de humanidad en mi cuerpo.

Esencia de vida,
que me lleva a un viaje por la muerte,
por los cadáveres de quienes tal vez aun viven,
pero que en mi mente están junto a quienes ya no están,
un viaje al pasado que inicia en mi nariz,
que electrifica mi cuerpo,
y que al final,
por poco termina aguando mis ojos.

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