miércoles, 18 de noviembre de 2009

La Montaña


En la cima hay un ave que no quiere cantar,

un tronco caído que no acepta su muerte,

y un hombre tendido que sonríe al horizonte.

Hay un ligero trazo de la noche, de las estrellas,

y todavía hay mucho del día,

que se niega a despedirse de la luna.


Son luces, colores, aromas, sonidos y caricias,

que se vuelven infinitos por ese instante,

y que hacen al hombre testigo de lo perpetuo.

Allí entre la nada y el universo mismo,

retumban las suplicas perdidas del pasado

que se convierten en presente nuevamente.


En la cima hay un hombre que es tentado

por mentiras moribundas que buscan renacer.

Hay innumerables imágenes del olvido,

hechas errores ante los ojos del hombre.

Hay un gusano frente al ave callada,

se ofrece como sacrificio pero es rechazado,

para que sea un testigo más de lo real.


Todos miran, respiran, hablan, contemplan,

casi sin entender pero conscientes de todo,

espectadores de la vida, de la muerte.

Mientras se pierden las estrellas,

el ave empieza a cantar y retoma su vuelo

y el hombre abrazado al tronco abriga al gusano.

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