Cuando te vi por primera vez,
aun jugabas con la inocencia,
reías sin razón aparente,
y esa sonrisa,
hacía imposible dejar de verte.
Entre juegos y palabras,
te tuve junto a mí,
tan cerca que,
los primeros labios con sabor a verdad,
fueron los tuyos.
Esa verdad,
se ha hecho la medida
con que comparo siempre otros labios,
que por ti, querida,
se hacen insípidos en mi boca.
Ay! Por que pusiste el estándar tan alto?
tenerte cerca hacia todo mejor,
y yo ni lo sabía,
pero ahora que tus labios son de otro,
me doy cuenta de lo miserable que soy.
Aún cuando comprendí
que nuestras vidas nos llevarían lejos
al uno del otro,
estaba la esperanza,
que sin importar cuán opuestas
fueran nuestras vidas,
podría haber un punto en que se encontraran
y pudiéramos intentarlo.
Ahora que ha muerto la esperanza,
pareces feliz, y yo,
aun más miserable,
pues el sabor de la verdad
se hace amargo con los días,
y me condena a tener que olvidarte.
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