Tengo la culpa de haberme perdido
en ese mundo onírico
cubierto con la seda de tu cuerpo.
Y entre los caminos recorridos
haber olvidado, de paso,
la ruta para salir de ti.
Soy culpable, porque
al hablar con tus besos
olvide la voz de los minutos,
y dejé que lo eterno
se hiciera efímero
entre tus caricias sin tiempo.
Cargo la culpa de embriagarme
en tus excelsos labios,
aunque, como lo sabes,
no soy aquel que mereces tener.
Soy yo, más no soy, pero soy poco
de ese, a quien buscas para querer.
martes, 9 de septiembre de 2008
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